Pasó la primera noche, casi sin dormir, intentando adaptarme al nuevo horario.
A las 6.00 am ya lucía el sol brillando y comenzaba así un nuevo día, un sábado esplendoroso con muchos misterios por delante.
El día anterior conseguí hablar con Cosmin, había llegado a Kuala Lumpur sin tener ni idea de a dónde ir. Por suerte, en el autobús de camino a la ciudad, coincidió con un trotamundos chileno, que le acompañó hasta el lugar donde se iba a alojar por 5€ la noche. Durante el fin de semana, la embajada permanecía cerrada, así que tuvo tiempo de conocer la ciudad y de buscar el sitio para acudir el lunes a primera hora y tener el visado listo para el martes (5 días después de nuestra llegada).
Yo por mi parte, había preguntado a mi chófer si conocía la iglesia adventista de Bangkok y si sabía decirme cómo llegar hasta allí. En un mapa me marcó con una cruz el lugar donde estaba ubicada, así que el sábado por la mañana me levanté muy temprano, cogí un taxi de río y el metro aéreo hasta la parada de Ekamai.
Más o menos me había trazado un plan para llegar hasta allí.
Os lo voy a explicar con un mapa:
La estrella amarilla indica la parada del BTS Sky Train donde bajé. El marcador azul con un punto negro en el centro, es el lugar donde está ubicado el colegio adventista de Ekamai. Entre esos dos puntos hay unos 2 kilómetros (1,5 en línea recta). Según la orientación de mi mapa, tenía que caminar hacia el norte y coger la calle nº 12 a la derecha.
En el punto rojo, pregunté a una señora si conocía la iglesia adventista, y me dijo que iba en la dirección equivocada, se encontraba al otro lado de la vía del tren. Eso me desorientó, pero estaba convencida de que no, que yo iba bien!
Seguí mi camino, llevaba más de media hora andando en línea recta y nunca llegaba la calle nº 12. Decidí girar a la derecha, porque sabía que la iglesia estaba en una calle hacia la derecha, pero allí no había nada, casas, casas, más casas, muy pocos carteles, muy poca gente, y el sol brillando...
Al llegar al final de la calle sin salida, en el punto verde, pregunté a un señor cómo podía llegar hasta la calle nº 12, y me indicó que tenía que volver sobre mis pasos y continuar hacia delante. Media hora más tarde volví a girar a la derecha, estaba en la calle nº 10, no podía faltar mucho!!
En el punto morado, un motorista me dijo que al final de la calle debía girar a la izquierda y después a la derecha, allí encontraría el colegio. Tras otra media hora de camino, eché un vistazo y no encontraba indicios de ninguna iglesia ni nada por el estilo. Justo allí había una especie de cuartel con un guardia de seguridad, le pregunté pero no tenía ni idea de inglés.
La desesperación se apoderó de mí en ese momento, me senté en el borde de la calzada y comencé a llorar. Ahora no sabría volver, había dado mil vueltas y había comprobado que lo que aparentaba ser una manzana en el mapa, eran varios centenares de metros...
Me quedé un rato en el suelo, llevaba 2 horas caminando, estaba agotada, y había perdido toda la ilusión.
Recopilando información, tracé una línea mental y decidí caminar de nuevo por la vía que había descartado al echar una ojeada.
100 metros después me topé con este cartel:
De verdad, no me lo podía creer. ¿Habéis sentido alguna vez como si os explotase el corazón en el centro del pecho? Algo así me pasó.
Entré en el recinto, subí unas escaleras y me senté en una silla aislada pretendiendo pasar desapercibida, hundí la cara entre las manos y me derrumbé. ¡Ni en mis peores sueños había imaginado que pasaría mi luna de miel sola!
No pasaron ni 10 minutos cuando una señora muy simpática vestida con un traje amarillo, se acercó a mí y me invitó a unirme a una clase de debate. Acepté y me senté con un grupo. Al terminar la clase, me cambié de asiento y noté que alguien me tocaba en la espalda:
- Hey, where are you from?
- I'm from Spain
- Really?? Qué estás haciendo aquí sola?
- Bueno... es una historia un poco extraña...
- ...
Era Bronsen, un chico norteamericano que daba clases de español en el colegio. Después del culto me presentó a sus alumnos y me invitaron a comer.
Acompañé a Nicole a su apartamento para después encontrarnos con otros dos jóvenes que trabajaban en el colegio, Andrew y Toshi. Los 4 juntos fuimos a cenar. Aproveché para llamar a MI MITAD, todo estaba yendo bien, dentro del dolor de la distancia.
Luego visitamos el mercado nocturno de Suan Lum, mientras llovía a cántaros. Así terminaba el segundo día en Bangkok, sin duda Él estuvo a mi lado una vez más y puso ángeles en mi camino para que me guiasen en esta enorme ciudad.

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