miércoles, 11 de diciembre de 2013

Quiero un gato

- ¡Buenos días preciosa!

- Quiero un gato

- ¿Y eso a qué viene ahora?

- No es que lo quiera, es que lo necesito

- Pero si ya sabes cómo me pongo...

- Pues conseguiremos un gato esfinge, de esos que no sueltan pelo

- ¿Y los sofás y las sillas y todo? Lo llenará de arañazos. Además, no me gusta estar comiendo y que el gato se suba a la mesa, y me pase la cola por las narices, que se meta por todos los cuartos.

- Le cortaremos las uñas, y le enseñaremos dónde puede y dónde no puede entrar. ¡Por favooooor! 

- Cuqui, no me hagas esto... 

- Jo, nunca te pido nada, y esto no es un capricho, es que me hace falta, los gatos me hacen feliz, ¡necesito compañía!

- ¡Pero si ya me tienes a mí!

- ¡Tú nunca estás en casa! Llegas siempre súper tarde, y yo me paso el día sola. Si al menos tuviese un gato estaría más animada, seguro que me organizaría mejor y aprovecharía el tiempo. Los gatos son terapéuticos, ¿lo sabías? En algunas oficinas tienen gatos sueltos y está comprobado que mejora el rendimiento y el humor de los trabajadores

- Pues tendremos montones de gatitos cuando tengamos una casa en el campo

- Eso no pasará nunca...



























(All rights reserved) 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Volver a verte

(continuación)

Un día más amaneció en Bangkok. 
7 am, me levanté aposta con el pie derecho para empezar bien el día.
Me calcé la sonrisa y unas sandalias comodísimas que compré al llegar, tenía por delante un día largo y emocionante.

Como de costumbre me dirigí al taxi de río en el muelle de Si Phraya hasta la parada Thewet. El taxi de río cuesta muy poco, por 1€ te lleva hasta el otro extremo de Bangkok.
Desemboqué en una calle llena de puestos donde vendían flores y semillas, me compré un coco para aliviar la sed, paré a comprar semillas de eggplant para mi mamá y seguí caminando con el mapa en la mano.



Seguí caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, miré el mapa, comprobé que iba bien, y seguí caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, el sol picaba, trataba de caminar por la sombra, pasé por decenas de calles, canales, una academia militar, y seguí caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y caminando, y me senté a descansar un ratito. 

Pocos minutos después proseguí mi camino hasta que POR FIN llegué a mi destino.
Cuando visité el Gran Palacio el primer día, me regalaron una entrada a la Mansión VimanmekNo conocía muy bien el sitio, pero tenía interés, y quería aprovechar al máximo mi tiempo libre para no estar triste y porque era mi último día en Bangkok!!

El caso es que llegué hasta el lugar mencionado. No podía entrar con cámara, ni mochila, ni paraguas, ni zapatos, ni botellita de agua, ni ná de ná. Ya pensaba que me harían quitar la ropa también... :S


Mientras esperaba el turno de mi grupo, la guía me preguntó si no llevaba acompañante... La pregunta del millón!! Podéis imaginar que me tocó explicar la situación por 15º vez. ¿Os refresco la memoria?

"Dámaris en Bangkok y Cosmin en Kuala Lumpur por un puñetero papel, durante 5 interminables días."


Pues no, no llevaba acompañante, pero lo último que pensaba hacer era quedarme encerrada en la habitación del hotel, así que ahí me planté.
La Mansion Vimanmek o Palacio de teka es un antiguo palacio del rey Rama V, construido en 1900. Aquí podéis ver alguna foto, pero sinceramente os recomiendo hacer una visita cuando vayáis a Bangkok. Mañana, pasado, o cuando sea!
A mi me encantó, me sentí dentro de una película del tipo Ana y el Rey.




A continuación fui a ver el Salón del Trono Ananta Samakhom
Al entrar tuve que comprar un pareo para cubrirme los pantalones por ser una mujer.

Llamadme como queráis, pero era tan alucinante lo que vieron mis ojos en este lugar, que se me saltaron las lágrimas, al verme ahí, tan diminuta, tan sola, y tan pobre...
Centenares de piezas de oro y piedras preciosas de incalculable valor iluminaban cada estancia. Las paredes y los techos estaban cubiertos de madera de teka y pan de oro. Parte del tesoro del rey está aquí custodiado, y todo aquello parecía señalarme con el dedo y reírse de mi pequeñez, especialmente un trono de oro macizo, perfectamente tallado y trabajado. Una obra maestra sin duda. 
En este lugar está estrictamente prohibido tomar fotografías, los guardas armados a ambos lados de cada puerta se ocupan de que te abstengas de hacerlo.

Además, se exhiben los telares de seda brillante realizados con delicadeza por los artesanos del Palacio Real, campesinos llegados desde las zonas rurales de Tailandia gracias al programa de recuperación de la artesanía tradicional creado por la reina Sikrit.

No sé por qué hay tan pocos turistas en este sitio, porque es maravilloso, asombroso de verdad!!




Aproveché para ver también el Zoo (2€ la entrada) y en mi camino de regreso, hice una parada en el Monte Dorado o Wat Saket, un templo budista situado en lo alto de un pequeño monte desde donde se pueden contemplar estupendas vistas de Bangkok.












Seguí mi camino de vuelta al centro de la ciudad. Al final de una larga avenida, se encuentra un monumento muy curioso, El Columpio Gigante.

El columpio se empleaba en una ceremonia religiosa anual para agradecer a Shiva los resultados de la cosecha de ese año y se le pedía su bendición para el año siguiente. Para hacer esto, varios sacerdotes subían al columpio y en plena oscilación trataban de recoger una bolsa llena de monedas de oro enganchada en uno de sus pilares.

Debido a lo peligroso de la ceremonia, que en el transcurso de los años se cobró varias vidas, ésta fue suspendida en el año 1835.

Al lado del Columpio se encuentra el templo Wat Suthat, que alberga una gran estatua de Buda de ocho metros que preside su sala principal, traída en barco desde Sukothai y bajo la cual se encuentran las cenizas de Rama VIII, hermano y predecesor del actual rey.








Cuando terminé la visita cogí un tuk tuk de vuelta al hotel. Hice una parada en mi centro comercial de referencia (MBK) para hablar con Cosmin antes de que tomase el vuelo hacia Bangkok.

Si, si, si!!!! HOY era el día!!
Teníamos que calcular más o menos a qué hora llegaría su avión, le expliqué cómo podía llegar hasta la ciudad:


Él ya se tenía que marchar al aeropuerto, así que nos despedimos confiando en que todo volvería a la normalidad.
Volví al hotel a "descansar" aunque solo fuese una hora, había sido un día MUY intenso, sin parar de ver cosas. Estaba agotada pero a la vez llena de energía y de ganas por volver a estar con él. :)

Calculé más o menos a qué hora tenía que salir para ir a buscarle a la estación de tren Phaya Thai. Llegué hasta allí en metro, comencé a subir las escaleras, y entre la muchedumbre descubrí a un chico muy rubio cargado de maletas y con una sonrisa que no le cabía en la cara... ufff...
Qué MOMENTO!!! No hay palabras que lo describan... 

A partir de aquí, comenzaba nuestro viaje juntos, 5 días después.

lunes, 23 de enero de 2012

La barra de hierro


Mi nuevo día comenzaba a las 6.15 de la mañana. Hoy tocaba visitar el Mercado Flotante Dumnoen Saduak.
A todo esto, un pequeño detalle, el cargador de la cámara fue con mi maridito a ver mundo, así que tenía que pensarme muy mucho a qué hacer fotos.
Pasaron a recogerme a las 7.00 am. Un traslado de 1 hora me llevó hasta el mercado del tren, en Maeklong. Recorrimos el poblado entre callejuelas impregnadas de aromas y olores profundos, colores, texturas, sabores a miles... A las 8.00 sonó el himno nacional y todo el mundo cesó su actividad a modo de reverencia. 




 

Se trata de un auténtico mercado tradicional de Bangkok que cuenta con una particularidad; una parte del mercado se extiende sobre las vías del tren, pero a las 9.00 am pasa el convoy, por lo que todos los comerciantes deben retirar las mercancías para no ser aplastadas. A veces llega antes de hora, a veces después, a veces no llega, y a veces descarrila...


Una vez visto el espectáculo, mi guía me llevó rápidamente al coche para ganar terreno a las decenas de furgonetas cargadas de turistas cuya próxima parada era la misma que la nuestra: el Mercado Flotante.
Al llegar al embarcadero, subimos en una canoa y nos condujeron a través de los canales rodeados de vegetación. En mi memoria iba fotografiando todas las estampas maravillosas que mis ojos contemplaban tristes al no poder compartirlo ni disfrutarlo con una persona muy especial.





Unas horas después, sin incidentes de por medio, regresamos a Bangkok. En el trayecto aproveché para "meditar" un poco después de la intensa jornada. Llegamos a la ciudad y me quedé a visitar el templo del Buda de Oro (Wat Traimit), situado en el barrio chino. Por fuera es muy hermoso, pero no esperaba lo que encontraría en el interior.
Una enorme estatua de oro macizo, de 3 metros de altura y 5,5 toneladas de peso. Wao!! Cuántas medicinas se podrían comprar con todo ese oro!!

 

Después de alucinar un rato, continué mi camino por una avenida del barrio chino. Estaba hecha polvo, así que cogí un tuk-tuk hasta mi hotel para descansar un poco.
Cuando desperté recordé que era domingo!! No me podía perder el Mercado de fin de semana más grande de Asia: Chatuchak.
Cogí un metro aéreo y uno subterráneo hasta llegar al lugar. Aquello era un laberinto sin fin. 


¿Alguna vez has imaginado un lugar en el que se pueda comprar de TODO? Pues ese sitio está aquí.


Después de unas cuantas compras y el correspondiente agotamiento físico, volví al hotel en medio de una monumental tromba de agua y allí pude comunicarme con mi chico. 
Todo andaba bien, ya tenía todo preparado para solicitar el visado en la embajada. No veíamos el momento de volver a estar juntos!!!


El día siguiente se vio un poco estropeado por la lluvia. No paró de diluviar en todo el día, pero aun así apenas pisé el hotel. No pensaba volver en mucho tiempo, así que tenía que intentar disfrutar al máximo, también para olvidarme de todo lo malo que nos había pasado.


Pude visitar la casa de Jim Thompson, cuya historia es curiosa y misteriosa, pues desapareció sin dejar rastro tras dar a conocer mundialmente los tejidos de seda tailandesa.


http://www.disfrutabangkok.com/casa-jim-thompson (más info)


Al terminar la visita, me subí en un tuk tuk para visitar varios centros comerciales. Había un tráfico muy denso y seguía lloviendo sin parar...
Mi conductor paró en una gasolinera a repostar, allí conversó con algunos chavales que me miraban sonriendo mientras yo intentaba hacerme la turista (NO me preguntéis cómo se hace eso).


Al salir de la gasolinera, un taxista se cruzó en su camino y comenzaron a lanzarse improperios el uno al otro, era tanta la intensidad de los insultos que incluso se le cayó la dentadura a mi conductor. Eso me hizo mucha gracia, pero no lo pude manifestar porque la pelea verbal se les estaba yendo de las manos. 
Intencionadamente aproximaron sus vehículos hasta casi rozarse, y en un semáforo, en medio del bullicio del tráfico, el taxista descendió con una barra de hierro en la mano :O
El conductor del tuk tuk sacó una llave inglesa de debajo de su asiento, se enfrentaron el uno al otro, y yo me quería evaporar!!
Gracias a Dios, no corrió la sangre. El semáforo se puso en verde y separaron sus caminos.

Finalmente llegué a mi destino, busqué rápidamente un local de internet para comunicarme con mi familia y mi amado. 

Pero teníamos un nuevo problema, Orange nos había cortado las líneas de los teléfonos por un elevado consumo en 3 días, así que nuestro único momento para hablar sería ese y quizás al día siguiente antes de tomar el vuelo Kuala Lumpur - Bangkok.
Me contó que ya había solicitado el visado, solo quedaban 24 horas para encontrarnos!! :D

Esa noche me acosté ilusionada, muy cansada pero loca de ganas por empezar, esta vez sí, nuestra luna de miel.

domingo, 22 de enero de 2012

2.0: Sábado

Pasó la primera noche, casi sin dormir, intentando adaptarme al nuevo horario. 
A las 6.00 am ya lucía el sol brillando y comenzaba así un nuevo día, un sábado esplendoroso con muchos misterios por delante.
El día anterior conseguí hablar con Cosmin, había llegado a Kuala Lumpur sin tener ni idea de a dónde ir. Por suerte, en el autobús de camino a la ciudad, coincidió con un trotamundos chileno, que le acompañó hasta el lugar donde se iba a alojar por 5€ la noche. Durante el fin de semana, la embajada permanecía cerrada, así que tuvo tiempo de conocer la ciudad y de buscar el sitio para acudir el lunes a primera hora y tener el visado listo para el martes (5 días después de nuestra llegada).
Yo por mi parte, había preguntado a mi chófer si conocía la iglesia adventista de Bangkok y si sabía decirme cómo llegar hasta allí. En un mapa me marcó con una cruz el lugar donde estaba ubicada, así que el sábado por la mañana me levanté muy temprano, cogí un taxi de río y el metro aéreo hasta la parada de Ekamai.
Más o menos me había trazado un plan para llegar hasta allí.
Os lo voy a explicar con un mapa:



La estrella amarilla indica la parada del BTS Sky Train donde bajé. El marcador azul con un punto negro en el centro, es el lugar donde está ubicado el colegio adventista de Ekamai. Entre esos dos puntos hay unos 2 kilómetros (1,5 en línea recta). Según la orientación de mi mapa, tenía que caminar hacia el norte y coger la calle nº 12 a la derecha.

En el punto rojo, pregunté a una señora si conocía la iglesia adventista, y me dijo que iba en la dirección equivocada, se encontraba al otro lado de la vía del tren. Eso me desorientó, pero estaba convencida de que no, que yo iba bien! 
Seguí mi camino, llevaba más de media hora andando en línea recta y nunca llegaba la calle nº 12. Decidí girar a la derecha, porque sabía que la iglesia estaba en una calle hacia la derecha, pero allí no había nada, casas, casas, más casas, muy pocos carteles, muy poca gente, y el sol brillando...

Al llegar al final de la calle sin salida, en el punto verde, pregunté a un señor cómo podía llegar hasta la calle nº 12, y me indicó que tenía que volver sobre mis pasos y continuar hacia delante. Media hora más tarde volví a girar a la derecha, estaba en la calle nº 10, no podía faltar mucho!!

En el punto morado, un motorista me dijo que al final de la calle debía girar a la izquierda y después a la derecha, allí encontraría el colegio. Tras otra media hora de camino, eché un vistazo y no encontraba indicios de ninguna iglesia ni nada por el estilo. Justo allí había una especie de cuartel con un guardia de seguridad, le pregunté pero no tenía ni idea de inglés. 
La desesperación se apoderó de mí en ese momento, me senté en el borde de la calzada y comencé a llorar. Ahora no sabría volver, había dado mil vueltas y había comprobado que lo que aparentaba ser una manzana en el mapa, eran varios centenares de metros...

Me quedé un rato en el suelo, llevaba 2 horas caminando, estaba agotada, y había perdido toda la ilusión.
Recopilando información, tracé una línea mental y decidí caminar de nuevo por la vía que había descartado al echar una ojeada.
100 metros después me topé con este cartel:



       

De verdad, no me lo podía creer. ¿Habéis sentido alguna vez como si os explotase el corazón en el centro del pecho? Algo así me pasó.
Entré en el recinto, subí unas escaleras y me senté en una silla aislada pretendiendo pasar desapercibida, hundí la cara entre las manos y me derrumbé. ¡Ni en mis peores sueños había imaginado que pasaría mi luna de miel sola! 
No pasaron ni 10 minutos cuando una señora muy simpática vestida con un traje amarillo, se acercó a mí y me invitó a unirme a una clase de debate. Acepté y me senté con un grupo. Al terminar la clase, me cambié de asiento y noté que alguien me tocaba en la espalda:

- Hey, where are you from?
- I'm from Spain
- Really?? Qué estás haciendo aquí sola?
- Bueno... es una historia un poco extraña...
- ...

Era Bronsen, un chico norteamericano que daba clases de español en el colegio. Después del culto me presentó a sus alumnos y me invitaron a comer.



Acompañé a Nicole a su apartamento para después encontrarnos con otros dos jóvenes que trabajaban en el colegio, Andrew y Toshi. Los 4 juntos fuimos a cenar. Aproveché para llamar a MI MITAD, todo estaba yendo bien, dentro del dolor de la distancia.
Luego visitamos el mercado nocturno de Suan Lum, mientras llovía a cántaros. Así terminaba el segundo día en Bangkok, sin duda Él estuvo a mi lado una vez más y puso ángeles en mi camino para que me guiasen en esta enorme ciudad.