- Quiero un gato
- ¿Y eso a qué viene ahora?
- No es que lo quiera, es que lo necesito
- Pero si ya sabes cómo me pongo...
- Pues conseguiremos un gato esfinge, de esos que no sueltan pelo
- ¿Y los sofás y las sillas y todo? Lo llenará de arañazos. Además, no me gusta estar comiendo y que el gato se suba a la mesa, y me pase la cola por las narices, que se meta por todos los cuartos.
- Le cortaremos las uñas, y le enseñaremos dónde puede y dónde no puede entrar. ¡Por favooooor!
- Cuqui, no me hagas esto...
- Jo, nunca te pido nada, y esto no es un capricho, es que me hace falta, los gatos me hacen feliz, ¡necesito compañía!
- ¡Pero si ya me tienes a mí!
- ¡Tú nunca estás en casa! Llegas siempre súper tarde, y yo me paso el día sola. Si al menos tuviese un gato estaría más animada, seguro que me organizaría mejor y aprovecharía el tiempo. Los gatos son terapéuticos, ¿lo sabías? En algunas oficinas tienen gatos sueltos y está comprobado que mejora el rendimiento y el humor de los trabajadores
- Pues tendremos montones de gatitos cuando tengamos una casa en el campo
- Eso no pasará nunca...
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