Hace un año y 3 meses, mi esposo y yo nos decidimos a visitar Tailandia en nuestro viaje de novios.
Teníamos muy claro que era allí a donde queríamos ir.
Después de muchos preparativos y algunos contratiempos, salimos un 29 de septiembre desde Madrid, nos esperaba un vuelo de 12 horas para llegar a la capital de este país fascinante, Bangkok.
Cuando ya no sabíamos que postura adoptar en aquellas butacas de color fucsia, aterrizamos en el aeropuerto Suvarnabhumi. Un calor pegajoso se impregnó en nuestra ropa nada más descender, y caminamos varios centenares de metros hasta llegar al control de viajeros.
En los pasillos interminables, lucían suntuosos tapices de mil colores, peinados a diario y cuidados con mucho mimo. Tan chocante recibimiento no nos hacía ni sospechar lo que estaba por suceder.
Pasé el control de aduana como una turista más, pero a mi querido esposo le impidieron la entrada al país por necesitar un visado que en la embajada no le facilitaron al creer que el simple hecho de pertenecer a la Unión Europea bastaría para poder viajar sin problemas.
Aquello rompió todos nuestros esquemas, teníamos que encontrar una solución rápidamente, pero nos quedaban muy pocas opciones que la policía nos explicó: volver a España en el siguiente vuelo sin pisar siquiera suelo tailandés, marcharnos los dos a otro país para solicitar el visado de mi esposo, con los correspondientes gastos y perdiendo todos los servicios ya contratados en Bangkok, o viajar mi esposo a otro país que no requería visado para solicitar el documento de entrada a Tailandia y yo quedarme en Bangkok, los dos solos, cada uno por su lado.
La decisión menos costosa y más apropiada en ese momento, aunque también la más dolorosa, fue la tercera, la separación. Un policía del aeropuerto nos guió a través de escaleras mecánicas, cintas andadoras, ascensores blindados, y pasillos de mala muerte con celdas a un lado y oficinas al otro hasta las entrañas del aeropuerto, a la central de Thai Airways, para comprobar a dónde podía viajar él sin problemas mientras yo me quedaba en Bangkok.
Compramos su billete a Malasia y nos despedimos entre incredulidad y estupor, con la esperanza de que todo se solucionaría y nos volveríamos a encontrar.
Un miembro de Thai Airways me acompañó de nuevo hasta la aduana para que me dejasen volver a entrar sin pasar el control y recuperar mi maleta. Pero, ¡Oh, cielos! ¡¡Mi maleta había desaparecido!! Muy amablemente, el chico me acompañó al depósito de equipajes perdidos y comprobaron en sistema que habían facturado mi maleta en el vuelo de mi esposo a Malasia...
Ya no me extrañó, todo estaba saliendo del revés, mi esposo rumbo a un país del que no sabíamos nada, sin conocer el idioma, sin alojamiento, sin apenas dinero, ¡¡y con 4 maletas!!
El chófer que habíamos contratado ya no nos esperaba, habían pasado 3 horas desde que aterrizamos, así que el chico de Thai me llevó hasta la estación de tren que me llevaría hasta la ciudad. Hasta aquí me ayudó mi ángel, a partir de aquí: a la aventura!
Me subí al tren, con una mochila llena de mapas, crucigramas y NADA MÁS.
Al llegar a Bangkok cogí un taxi verde que me llevó al hotel, desde donde pude contactar con la agencia para que vinieran a buscarme y visitar los templos de la ciudad, con ropa de abrigo, a 32º...
La visita fue espectacular, era como estar en un sueño, tooooodas las decenas de programas que había preparado para mis clientes eran reales!! Desde luego no era lo mismo verlo sin tener a alguien con el que alucinar juntos.
Fue un día muy intenso, una primera toma de contacto anonadante. Al terminar la visita me dejaron en un centro comercial donde pude comprar productos de aseo y algo de ropa ligera para sobrevivir al calor húmedo sin mis pertenencias, sola con el Señor a mi lado, siempre.
Te mando desde Alfaro toda mi energía positiva, para que esta nueva historia en tu vida sea inolvidable. Mucha suerte en estas 3 semanas y disfruta muchooooo!!!!
ResponderEliminarMil Gracias Cler!! Te deseo lo mejor a ti también ;)
ResponderEliminarUn abrazote!
Guau!!! Pedazo de intensa aventura.
ResponderEliminarNecesitaba oirtelo contar, siempre pensaba como abría ocurrido, espero que nos sigas contando y aunque no seas escritora quien sabe si de aquí puede salir una novela y la presentamos al Planeta.
Animo Damaris sigue escribiendo y cuentanos cosicas de tu nueva experiencia en Tailandia